Desalojar, negociar, permitir…. El alcalde de Torrelavega, Ildefonso Calderón (PP), se enfrenta por segunda vez en quince días a una protesta socio-laboral que le obliga a tomar decisiones que, independientemente de su sentido, tendrán consecuencias. El pasado 1 de octubre fue la irrupción de los trabajadores de Sniace y Golden Line en el pleno; este miércoles, también tras un pleno, el encierro de 14 personas en el salón de plenos del Ayuntamiento, como protesta por la dramática situación que vive la comarca del Besaya.
Los encerrados -8 trabajadores de Sniace, 4 jubilados de esta misma empresa y 2 amas de casa-, miembros del Sindicato Unitario de Cantabria, reclaman soluciones para la situación de desempleo, crisis industrial y económica, y emergencia social que sufre Torrelavega y su comarca.
Pasada la medianoche, 13 de esas personas –una dejó el encierro por problemas familiares- seguían en el salón de plenos, dispuestos a prolongar el encierro sin fecha de conclusión. De momento el alcalde no ha manifestado cuál será su decisión. ¿Negociará con los encerrados un abandono de la protesta? ¿Ordenará el desalojo? ¿Permitirá que sigan el salón de plenos, ninguneando su acción y dejando que muera por si misma?
Al término de la sesión plenaria, los protagonistas del encierro, según han asegurado a HoyTorrelavega de forma «espontánea» y no premeditada, se han mantenido en los bancos del público, hasta dar lugar a un encierro que comenzaba en torno a las 15.30 horas del miércoles. La protesta está siendo apoyada en el exterior del Ayuntamiento por decenas de personas que se han ido concentrando frente al Consistorio para animar a los encerrados.
La policía local ha impedido la entrada de comida para las personas atrincheradas en el salón de plenos, llegando a requisar las bolsas y bocadillos que, desde la calle, les han lanzado al balcón del Ayuntamiento. La media docena de agentes que en todo momento ha custodiado a los encerrados y ha limitado sus movimientos por el interior del Consistorio, tenía órdenes expresas de no permitir que recibieran comida.
Solo en torno a la una de la madrugada, ante la amenaza de los concentrados en el exterior de entrar por la fuerza en el Ayuntamiento si no permitían comer a los encerrados, la policía ha permitido que les entregaran algunos bocadillos. El resto del tiempo, han podido beber agua y tomar café de la máquina instalada en la planta baja del Ayuntamiento, y también han podido ir al cuarto de baño.
HoyTorrelavega ha sido testigo directo del encierro, desde el interior del Ayuntamiento. Los protagonistas de la protesta, 11 hombres y 3 mujeres, con edades diversas, desde jóvenes treintañeros a jubilados, mantienen una inamovible convicción de que su acción debe servir para llamar la atención sobre el grave problema que vive la comarca.
«Hay familias que no tienen para comer, hay niños que pasan hambre…. algo hay que hacer», explicaban los encerrados. Aunque no rechazan su vinculación con Sniace, aseguran que la protesta trasciende del problema de esta empresa y sus 533 despidos. «Yo lucho por mi futuro, pero ya no solo por mi futuro en Sniace, sino aquí, en la comarca», decía uno de los encerrados, trabajador, o ex trabajador ya, de la fábrica.
Alguna de las mujeres, recordaba que hace veinte años ya estuvo encerrada durante un mes en el Parlamento de Cantabria. En 1993, una decena de trabajadoras de Sniace se encerraron en la sede de la Cámara regional. «También entonces utilizaron la comida y el agua para intentar vencernos», evocaba junto a sus compañeros de movilización.
A medida que pasaban las horas, el cansancio iba haciendo mella, sobre todo en los manifestantes de mayor edad, máxime con los estómagos vacíos durante mucho tiempo. Alguno dormitaba en los bancos del salón de plenos; otros llegaban a dormir, sino a pierna suelta al menos a cuerpo tendido; había quien daba vueltas alrededor de las mesas de los concejales, «para estirar las piernas»; incluso quien explicaba a los policías municipales que custodian la protesta el porqué de la situación actual, los recortes, el capitalismo y la opresión obrera.
En la calle, también a medida que pasaban las horas, la protesta iba conociéndose y, sobre todo a través de las redes sociales, se convocaba a los ciudadanos a mostrar su apoyo concentrándose frente al Ayuntamiento. Durante buena parte de la tarde, incluso ya bien entrada la noche, decenas de personas alentaban a quienes están en el salón de plenos.
Los gritos de «unidad obrera» del exterior, encontraban eco dentro del Ayuntamiento, y al revés, el «Calderón, dimisión», que empezaba dentro se repetía y amplificaba fuera.
Desde el principio de la protesta, junto a los encerrados ha permanecido el concejal de Asamblea Ciudadana por Torrelavega, Iván Martínez, y durante la tarde, han recibido la visita de los concejales del Partido Regionalista Pedro García Carmona y Pedro Pérez Noriega. El equipo de Gobierno del PP se ha interesado por «cuándo iba a concluir el encierro», a través de su portavoz, la concejal María Luisa Peón, que ha contactado telefónicamente con el edil de ACPT, aunque no se ha dirigido a los manifestantes.
A última hora de la tarde, también el secretario del comité de empresa de Sniace, Antonio Pérez Portilla, y el delegado del SU, Mario Villar, que han seguido toda la protesta desde el exterior, han accedido durante unos minutos al interior del Ayuntamiento para hablar con los encerrados.
Pérez Portilla les ha manifestado que «entiende» su acción, e incluso podría «compartirla» en otro momento, pero ahora entiende que no responde a una decisión del comité, y puede incluso dar una sensación «de que cada uno hace la guerra por su cuenta». A pesar de ello, ha asegurado que los trabajadores de Sniace y los sindicatos que siguen sustentando el comité, «tras el abandono de USO», les apoyaría.
El delegado del SU no ha valorado la acción, solo ha dicho que respeta la decisión que sus compañeros libremente han tomado y que les apoyará en lo que hagan, ha recalcado Villar.
También el Jefe de la Policía Local de Torrelavega, Alejandro García, ha hablado con los manifestantes aunque se ha limitado a escuchar sus argumentos para la protesta y a defender las restricciones que los agentes debían imponer.
Siguiendo la protesta, HoyTorrelavega y un reportero gráfico de un periódico regional, que han vivido de cerca la determinación de los concentrados, los episodios de «bocadillos voladores» y la disposición de la mayoría de los policías locales a cumplir las órdenes recibidas pero evitando tensiones con los encerrados. Cuando los periodistas han abandonado el Ayuntamiento, en torno a las 23.45 horas, los concentrados en el exterior rápidamente se han interesado por el estado de quienes estaban dentro.
La preocupación porque pudieran beber y comer era patente, hasta el punto de que minutos después, en asamblea improvisada, han decidido dar un ultimátum a la policía y advertir que o entraba comida para los encerrados o entrarían ellos. Finalmente, los agentes accedían a dejar pasar unos bocadillos.
En esta situación, con 13 personas encerradas en el salón de plenos, a Ildefonso Calderón se le presenta una difícil tesitura y la gente, dentro y fuera del Ayuntamiento, se pregunta qué hará. ¿Aprovechará la noche, la ausencia de medios de comunicación y la menor presencia de concentrados en el exterior para desalojar a los encerrados?
Si no desaloja, ¿qué pasará este jueves en el Ayuntamiento? ¿lo cerrará? ¿y si lo cierra, como lo justificará ante la opinión pública y por cuánto tiempo?¿lo abrirá y la administración local discurrirá con vida normal? ¿se arriesgará a que más personas se sumen a la protesta? ¿intentará que la protesta decaiga por el cansancio, el desánimo o las obligaciones de quienes la realizan?
La falta de decisión llevó el pasado 1 de octubre a la suspensión del pleno ordinario. Los trabajadores de Sniace y Golden Line, y algunos miembros de la PAH, irrumpieron en el pleno y con sus gritos impidieron el normal desarrollo de la sesión. Durante una hora y quince minutos, el alcalde se mantuvo en su sillón, sin tomar una decisión, hasta que la oposición decidió abandonar el pleno, que Calderón retomó poco después únicamente con la presencia del PP.
La Corporación de Torrelavega celebró este miércoles un pleno extraordinario, en el que se debatía la situación financiera del Ayuntamiento y dos mociones relativas a la situación que sufre Torrelavega: una pidiendo la reapertura de Sniace y otra reclamando la declaración del municipio zona de urgente reindustrialización.
Ambas mociones, presentadas por el PSOE, que también forzó la convocatoria del Pleno, fueron aprobadas por unanimidad, aunque no sin críticas, tanto por parte de la oposición como de los trabajadores, hacia el PP. Plantilla y grupos políticos pusieron en cuestión la sinceridad del apoyo del PP y, especialmente del alcalde, al que acusaron de votar una cosa en Torrelavega y otra en Santander, en su condición de diputado regional.
Los trabajadores de Sniace acudieron al Pleno, medio centenar en el interior del salón de sesiones y el resto en el exterior. Los del interior mostraron su protesta en silencio y dando la espalda a Calderón cuando intervino. Solo al final de la sesión, gritaron consignas en contra del alcalde y el PP.
Después, el secretario del comité pidió la palabra – lo que el alcalde aceptó, si bien previamente dando por concluido el pleno- para pedir la implicación de las administraciones para forzar a la empresa a dar explicaciones y para asegurar que en un futuro la dirección de Sniace no aproveche el cierre para buscar otros cuestionables caminos empresariales, con una factoría sin cargas y, podría decirse, para entrar a vivir.
Una intervención que tuvo una breve respuesta de Calderón, para asegurar que siempre se ha implicado en la búsqueda de soluciones.
