
Ni es el Big Ben ni el de la Puerta del Sol, pero el reloj del Ayuntamiento de Torrelavega también tiene su pequeña historia y su mecanismo ha ido avanzando con los tiempos, pasando de la cuerda manual al automatizado, para llegar al actual control por radio.
Desde lo alto de la torre que corona el edificio consistorial en el Bulevar Demetrio Herrero, sobre la balconada del Ayuntamiento, el reloj ha ido perdiendo su papel de referente de los tiempos oficiales de la ciudad y ha asumido el rol de elemento decorativo, aunque eso no significa que no se cuide su precisión.
Hace unos días, operarios municipales han procedido a trasladar el transmisor que recibe las ondas y regula la hora desde lo alto de la torre a una dependencia inferior, para hacer más cómodo el acceso. El encargado del reloj es Daniel Quijano, un operario municipal que conoce bien sus «tripas» y que cuida de que todo funcione correctamente.
A la torre del reloj se accede por una pequeña trampilla en el techo de la habitación situada justo debajo, que actualmente es el despacho del Grupo Municipal ACPT. De esa trampilla sale una angosta escalera que lleva al punto más alto del Ayuntamiento, justo tras la esfera blanca que se ve desde el Bulevar Demetrio Herrero.
Hasta mediados de los 80 el mecanismo era manual, había que dar cuerda al reloj y regular sus poleas, «como los de casa, y si el operario se despistaba….», explica Quijano. Fue en aquellas fechas cuando un relojero de la ciudad, «un auténtico manitas», Carlos Sánchez Torre, decidió automatizar el mecanismo.
Sánchez Torre construyó con sus propias manos un sistema que mediante un motor, un embrague y un electroimán, entre otros elementos, hacía que el reloj se diese cuerda a sí mismo. Para ello, echó mano de todo tipo de elementos, como un plato de bicicleta, y los que no tenía, los fabricó, como los piñones, recuerdan los operarios municipales que ayudaron al relojero en la instalación del mecanismo.
El resultado fue un sistema automatizado que liberó de la tiranía de la cuerda y contribuyó a mejorar la precisión del reloj del Ayuntamiento hasta que aunque unos pocos años después, a principios de los 90, llegó el control por señal de radio (el que utilizan emisoras, televisiones, relojes «oficiales»), que se mantiene actualmente.
Sin embargo, el viejo mecanismo sigue allí, en la torre del Ayuntamiento, y Daniel Quijano muestra orgulloso el ingenioso trabajo que realizó este relojero torrelaveguense que tuvo su taller en la calle Conde Torreanaz. También en la torre, descansa la vieja esfera rota y otros elementos que han formado parte de la historia del reloj.
Ahora, el transmisor que recibe la señal y ajusta la hora se ha «bajado» para que esté más accesible. Porque a pesar de todo, la mano humana sigue siendo necesaria, como mínimo dos veces al año, cuando se cambia al horario de invierno y de verano. El cambio sigue siendo manual y después el reloj «se ajusta sólo, avanzando más deprisa cuando se adelanta la hora y esperando cuando se atrasa», detalla su ‘cuidador’.
Seguramente buena parte de los torrelaveguenses, aunque las habrán oído millares de veces, desconocerán que las campanadas interpretan diferentes temas musicales. Un «repertorio» que se ha recortado por la noche para evitar molestias a los vecinos del edificio del Ayuntamiento. Lo que sigue sonando es el «Ave María», a las 12 del mediodía, acompasado con el cercano campanerio de la Virgen Grande, y «Carretero», a media tarde, además de las «campanadas navideñas».
Y ahí sigue, avanzando con los tiempos, este modesto reloj, en el que pocas veces reparamos, pero que también tiene su pequeña historia.

