El alcalde de Torrelavega, Ildefonso Calderón, ha justificado que no se permitiera meter comida para los encerrados en el Ayuntamiento afirmando que «el salón de plenos no es un restaurante». El regidor, a preguntas de los periodistas, ha rechazado que no dejar que les llegara comida fuera una medida de presión para que los encerrados abandonaran antes su protesta.
«Un salón de plenos no es sitio para hacer comidas, no es ya por los frescos del siglo XIX, es que las dependencias municipales no tienen esta función», ha reiterado Calderón. El hecho de que los policías tuvieran órdenes de impedir que desde el exterior se hiciera llegar comida al grupo de personas encerradas en el salón plenario, ha sido uno de los aspectos más cuestionados de esta protesta.
Sin embargo, aunque no es desde luego su uso normal, tampoco es inusual que la comida esté presente en el salón de plenos del Ayuntamiento. En alguna ocasión, se ha desarrollado allí un taller de cocina saludable para niños, y también se han celebrado en el salón de plenos los aperitivos ofrecidos por sus compañeros a aquellos trabajadores municipales que se jubilaban. Unos actos que siempre han contado con la presencia de los responsables políticos y cuyas imágenes están recogidas en el perfil de Facebook del Ayuntamiento de Torrelavega.
Respecto a si se barajó en algún momento durante el encierro, que duró 24 horas, hacer un desalojo por la fuerza, el alcalde lo ha negado con rotundidad. «Soy una persona a la que los actos de fuerza no me gustan absolutamente nada, prefiero el diálogo».
Según ha explicado, su gestión del conflicto ha apostado por dejar que los encerrados abandonaran su protesta «cuando ellos quisieran», aunque poniendo las medidas policiales necesarias para «defender y garantizar la seguridad de los trabajadores municipales y del edificio», así como los «archivos de los ciudadanos» que hay en el Consistorio y que «tienen derecho a sus secretos y protección de datos».
A preguntas de los periodistas, durante la presentación hoy de un proyecto urbanístico en la ciudad, Calderón mostró su confianza en todo momento en que los concentrados recapacitarían, y en ningún momento tuvo «ningún interés en utilizar la fuerza».
El alcalde ha explicado que también habló de la situación con el secretario del comité de Sniace, Antonio Pérez Portilla, dado que ocho de los encerrados son de esta empresa. Según ha dicho, el sindicalista le dijo que se «había roto la unidad de criterio de acción del comité» y que «no estaba de acuerdo» con esa protesta, y ha recordado que el secretario del comité subió al salón plenario para pedir que depusieran su encierro, «pero no les convenció».
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