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Portada » La muerte de George Washington

La muerte de George Washington

01/11/2012Por HoyTorrelavega3 Minutos de lectura0
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 «Un médico cura, dos dudan, tres muerte segura». Refranero español

El 12 de Diciembre de 1799 George Washington se sintió algo resfriado cuando regresó a su rancho por la tarde. Sus sospechas se confirmaron al día siguiente cuando comenzó a sentir un fuerte dolor de garganta. Ante la sugerencia de su secretario para que tomara algún medicamento, respondió con sorprendente ronquera: «Sabes que nunca tomo nada para el resfriado. Como ha venido se irá». Pero, lejos de mejorar, el sábado se sintió febril y mal dispuesto. Apenas podía hablar y respiraba con dificultad.

El doctor James Clark, que había servido junto a Washington en mil batallas y era el médico de la familia, fue requerido para valorar el estado del Presidente. Decidió que el tratamiento más adecuado sería una sangría, que realizó el capataz de la granja, de reconocida habilidad en estos procedimientos. Mientras, preparó una mezcla de melaza, vinagre y mantequilla para mitigar las molestias en la garganta, pero Washington no pudo tragar una gota. Horas después la situación clínica empeoraba a pesar del tratamiento, por lo que el Clark indicó un nuevo preparado, con té y vinagre, para que el paciente hiciera gárgaras, prescribiendo también otra sangría.

Alrededor de las once de la noche se encontraba casi agónico. Clark solicitó ayuda a los doctores Brown y Dick, y mientras esperaba a sus colegas repitió la sangría, sin resultados positivos.

Una vez reunidos, los tres doctores examinaron a Washington. Clark y Brown eran más experimentados que Elisha Cullen Dick, que en aquel entonces contaba treinta y siete años. Según los registros de la época, Brown fue bastante taxativo en su diagnóstico: amigdalitis. Clark mantuvo una actitud dubitativa al inicio, pero acabó por estar de acuerdo.

Sin embargo, Dick era de una opinión bastante diferente. Según el joven médico, el problema no se encontraba en las amígdalas, sino en la laringe (lugar de la tráquea donde se sitúan las cuerdas vocales), donde la inflamación producía una obstrucción de la entrada de aire hacia los pulmones. Para facilitar la entrada de aire al paciente, ya en situación agónica mientras los tres debatían la actitud terapéutica más adecuada, Dick sugirió realizar una traqueostomía. Clark y Brown miraron a su joven colega con ojos espantados, rechazando tal posibilidad por considerarla excesivamente radical y cruenta (alegaban que nunca se había hecho antes en América). El procedimiento fue descartado fulminantemente, a pesar de que Dick insistía en que tal intervención se realizaba ya en Europa de manera regular.

Excluida definitivamente una traqueostomía, se indicó una cuarta sangría a las tres de la tarde del 14 de diciembre de 1799 que produjo devastadores efectos.

Eran las últimas horas de vida. Washington casi no podía respirar y la anemia producida por la salida masiva de sangre agravaba aún más la situación que desembocó penosamente en su fallecimiento a las diez y veinte, después de dieciséis horas de agonía. Cuenta la historia que Dick arrancó el péndulo del reloj de la mesita de cabecera del presidente justo en el momento del fallecimiento, parándolo para siempre.

En La Librería del Congreso de EEUU, se encuentra catalogada una litografía titulada: «Vida de George Washintong. La muerte cristiana», donde aparecen representados los familiares de Washington y el personal que lo asistió en sus últimas horas. En las caras de los médicos se refleja la preocupación sobre la salud del primer Presidente de los Estados Unidos, fallecido horas después, sin que éstos tuvieran un consenso absoluto sobre el diagnóstico y, sobretodo, el mejor tratamiento de la enfermedad.

@rhdezestefania

http://www.cun.es/la-clinica/servicios-medicos/departamento/cirugia-cardiaca/equipo-medico/dr-rafael-hernandez-estefania

 

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