Mar24042018

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A tomar el blanco...

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Cabrero

Tan Importante para un torrelaveguense es haber nacido en Torrelavega, como "tomar el blanco". En otros sitios se llama "tomar el vermut" o "tomar el aperitivo", pero en Torrelavega, la tradición, el arraigo y lo realmente importante para fomentar la amistad, es "tomar el blanco". Aunque tomes otra cosa.

Servidor tiene el orgullo de haber nacido en Bilbao, pero su arraigo torrelaveguense le obliga a buscar una justificación documental suficiente para ostentar la condición de torrelaveguense, y esa condición no es otra que su afición persistente, constante y perseverante en cumplir con este rito. Esperar que llegue el sábado, que dé la una en el reloj, y acercarse al Chema, al Cabrero... eso es... ¡lo mejor de la semana!.

Siempre he defendido que al contrario que opinan algunos, Torrelavega tiene las ventajas de una ciudad (casi, casi, es como Guasintón, tiene iglesia, casa de citas y frontón...), y las ventajas de un pueblo, y a la hora de "tomar el blanco" es esa la ventaja que tienes: salgas cuando salgas, vayas donde vayas o haga el tiempo que haga, siempre vas a encontrar alguien con quien "tomar el blanco". Si además, lo que encuentras y a quien te unes es más o menos una cuadrilla, echa la cuenta que te darán las cinco. Después, y sin remedio, una siesta pastosa hasta la hora de irse a la cama.

De esta forma, los bares de Torrelavega siempre se clasificaron por su blanco. Fueron y son locales de culto a los Blancos de la Nava, el Cabrero, el Chema y el Escudo por excelencia. El Veracruz, el antiguo Udías, el Gimnástica, el Fin de Campuzano y el Portugal, por tradición e historia. Blancos de la Nava, vinos humildes que reposados en una buena solera, se convierten irremisiblemente en "Blanco de Solera", adquiriendo no solo aromas de tradición y madera, sino categoría de vino de sumiller. Sin quererlo, en silencio, y con mucho arraigo. Porque hay veces en las que los torrelaveguenses pensamos que hay que ser de Torrelavega para entender ese vino; para entender esa sucesión de conceptos como humildad, tradición, arraigo y SOLERA.

Cabezón dicen que es; y lo es. Que parece que raspa; y raspa. Que es seco, que no es afrutado, que no es fresco, que parece que está remontado... Va, va, va... es el Blanco de Torrelavega, y si eres de Torrelavega, ese es tu vino por la mañana. ¿O no?.

Y durante años fuimos capaces de beberlo "a pelo". Las tapas son inventos nuevos. Casi, casi del siglo XXI. Otra cosa era "picar algo" a la hora del blanco, pero ese apartado de canapés, rabas o patatas fritas, lo dejaremos para otra entrega, porque se lo merecen.

Comparten arraigo, horario y apellido, los vermuts también "de solera". Una mención especial para los zurracapotes del Davalillo, hoy "La Claraboya" de Morillo.

Marcaron una época las "manzanillas" que desde la ribera del Guadalquivir se instalaron hace treinta años, en la zona del Bar Central, Izaskum o Urbanos. Eso sí, por la tarde, a última hora. Torrelavega siempre gestionando originalidad y rompiendo ortodoxias. Si un buen gaditano se hubiera llegado a enterar del horario en que su manzanilla triunfaba en Torrelavega, probablemente nos hubieran desheredado de por vida.

Pero siempre nos acordamos en estas entregas, de cuando... "éramos pequeños"... Pues bien: ¡cómo no vamos a hablar del mosto! Maravilloso, fresco, dulce, siempre escaso... ¿a que sí? Libre de alcohol, ideal para los niños, para las niñas, y para las mamás del siglo pasado. Con su rodaja de naranja, con su guinda, o con dos: una verde y una roja... como los semáforos. Aquellos mostos y sus colores, se adelantaron sin quererlo, a la máxima que nos c@ntaba Stevie Wonder: "si bebes, no conduzcas".Tan Importante para un torrelaveguense es haber nacido en Torrelavega, como "tomar el blanco". En otros sitios se llama "tomar el vermut" o "tomar el aperitivo", pero en Torrelavega, la tradición, el arraigo y lo realmente importante para fomentar la amistad, es "tomar el blanco". Aunque tomes otra cosa.

Servidor tiene el orgullo de haber nacido en Bilbao, pero su arraigo torrelaveguense le obliga a buscar una justificación documental suficiente para ostentar la condición de torrelaveguense, y esa condición no es otra que su afición persistente, constante y perseverante en cumplir con este rito. Esperar que llegue el sábado, que dé la una en el reloj, y acercarse al Chema, al Cabrero... eso es... ¡lo mejor de la semana!.

Siempre he defendido que al contrario que opinan algunos, Torrelavega tiene las ventajas de una ciudad (casi, casi, es como Guasintón, tiene iglesia, casa de citas y frontón...), y las ventajas de un pueblo, y a la hora de "tomar el blanco" es esa la ventaja que tienes: salgas cuando salgas, vayas donde vayas o haga el tiempo que haga, siempre vas a encontrar alguien con quien "tomar el blanco". Si además, lo que encuentras y a quien te unes es más o menos una cuadrilla, echa la cuenta que te darán las cinco. Después, y sin remedio, una siesta pastosa hasta la hora de irse a la cama.

De esta forma, los bares de Torrelavega siempre se clasificaron por su blanco. Fueron y son locales de culto a los Blancos de la Nava, el Cabrero, el Chema y el Escudo por excelencia. El Veracruz, el antiguo Udías, el Gimnástica, el Fin de Campuzano y el Portugal, por tradición e historia. Blancos de la Nava, vinos humildes que reposados en una buena solera, se convierten irremisiblemente en "Blanco de Solera", adquiriendo no solo aromas de tradición y madera, sino categoría de vino de sumiller. Sin quererlo, en silencio, y con mucho arraigo. Porque hay veces en las que los torrelaveguenses pensamos que hay que ser de Torrelavega para entender ese vino; para entender esa sucesión de conceptos como humildad, tradición, arraigo y SOLERA.

Cabezón dicen que es; y lo es. Que parece que raspa; y raspa. Que es seco, que no es afrutado, que no es fresco, que parece que está remontado... Va, va, va... es el Blanco de Torrelavega, y si eres de Torrelavega, ese es tu vino por la mañana. ¿O no?.

Y durante años fuimos capaces de beberlo "a pelo". Las tapas son inventos nuevos. Casi, casi del siglo XXI. Otra cosa era "picar algo" a la hora del blanco, pero ese apartado de canapés, rabas o patatas fritas, lo dejaremos para otra entrega, porque se lo merecen.

Comparten arraigo, horario y apellido, los vermuts también "de solera". Una mención especial para los zurracapotes del Davalillo, hoy "La Claraboya" de Morillo.

Marcaron una época las "manzanillas" que desde la ribera del Guadalquivir se instalaron hace treinta años, en la zona del Bar Central, Izaskum o Urbanos. Eso sí, por la tarde, a última hora. Torrelavega siempre gestionando originalidad y rompiendo ortodoxias. Si un buen gaditano se hubiera llegado a enterar del horario en que su manzanilla triunfaba en Torrelavega, probablemente nos hubieran desheredado de por vida.

Pero siempre nos acordamos en estas entregas, de cuando... "éramos pequeños"... Pues bien: ¡cómo no vamos a hablar del mosto! Maravilloso, fresco, dulce, siempre escaso... ¿a que sí? Libre de alcohol, ideal para los niños, para las niñas, y para las mamás del siglo pasado. Con su rodaja de naranja, con su guinda, o con dos: una verde y una roja... como los semáforos. Aquellos mostos y sus colores, se adelantaron sin quererlo, a la máxima que nos c@ntaba Stevie Wonder: "si bebes, no conduzcas".

(Dedicado a mis amigos Tato y Manolín)