
Era esperada, pero no tan pronto. La sentencia de la Audiencia Nacional que da la razón a Sniace y falla que el despido de la plantilla fue legal se ha conocido cinco horas antes de la reunión convocada por la dirección en Burgos y mientras los trabajadores protagonizaban un encierro en el Ayuntamiento de Torrelavega para pedir a la administración más presión sobre la empresa.
El comité está citado a las 16.30 horas por la empresa que, en el momento de emprender viaje, todavía no había informado a los representantes sindicales del lugar concreto de Burgos donde se celebra y que finalmente ha sido el Hotel Silken. La dirección de Sniace ha buscado esta vez un escenario alejado de la fábrica, incluso de Cantabria, y de posibles presiones de los trabajadores.
Poco antes, la tensión acumulada por la plantilla estos 19 meses y elevada al máximo en las últimas horas, ha estado a punto de estallar cuando un policía local ha pretendido primero hacer salir del salón de plenos al secretario del comité y después denunciarlo.
Antonio Pérez Portilla se disponía a entrar en directo en una televisión nacional cuando un agente municipal se ha empeñado en que saliera «el cabecilla» de los encerrados, al parecer por una supuesta superación del aforo del salón de plenos. El sindicalista ha pedido al policía que esperara «cinco minutos» a realizar la conexión, y ante la insistencia de éste ha terminado negándose a salir y acusándole de «provocador».
A partir de ahí, el resto de trabajadores de Sniace ha increpado al policía, que insistía en denunciar al secretario del comité, acusándole de no entender la situación por la que atraviesan y pretender provocar un conflicto, mientras algunos de los presentes intentaban rebajar la tensión y convencer al agente de que no había motivos para esta situación.
El rifirrafe se ha prolongado durante cinco minutos, hasta que ha hecho acto de presencia la alcaldesa, que se encontraba presidiendo en una dependencia anexa la Junta de Portavoces, precisamente para emitir una declaración de apoyo a los trabajadores y a la continuidad de la actividad de la empresa, y que ha zanjado el incidente.
Este ha sido el momento más complicado de una mañana marcada por las noticias judiciales. La plantilla ya había anunciado ayer un cambio en las movilizaciones, después de tres días de bloqueo al recinto fabril. A las 10.00 horas se concentraban en la Plaza Mayor y minutos después entraban en el Ayuntamiento con la intención de encerrarse y de pasar la noche en el Consistorio, reclamando a la administración presión a la empresa.
Esta vez los trabajadores han encontrado las puertas abiertas, literalmente. La alcaldesa y el primer teniente de alcalde les recibían a la entrada, les confirmaban que el Ayuntamiento «es vuestra casa» y les facilitaban su estancia. Incluso trasladaban a la Sala Mauro Muriedas una charla sobre Adolfo Suarez que debía celebrarse esta tarde en el salón de plenos, mientras que la plantilla correspondía abandonando el salón de plenos durante un rato para que pudiera celebrase una boda.
Minutos después, llegaba la noticia que pillaba por sorpresa a trabajadores y comité: a las 11.00 horas se haría pública la sentencia de la Audiencia Nacional. Apenas había dado tiempo a recuperase del impacto cuando llegaba la noticia, no por previsible, menos preocupante: la sentencia es favorable a la empresa, el despido fue legal.
A partir de ahí han comenzado las cábalas e hipótesis. La sentencia es recurrible, pero los trabajadores deben valorar si merece la pena alargar varios meses el proceso y ralentizar las demandas individuales por despido que se reactivarán una vez pronunciada la Audiencia Nacional. Y siempre teniendo en cuenta que la declaración de nulidad conllevaría la inmediata liquidación de Sniace.
De hecho, algunas voces apuntaban que la sentencia era «la menos mala», porque dejaba los tiempos en manos de los trabajadores, que siguen teniendo en la mano las demandas individuales, en las que los defectos de forma de la carta de despido les dan muchas posibilidades de ganar. Por otro lado, la sentencia favorable a la empresa coloca a la dirección en una situación de cierta «ventaja» en la negociación.
Con todo ello, la gran pregunta de trabajadores, comité, asesores y de todos los implicados en este conflicto laboral era la misma: «¿qué va hacer ahora la empresa?, ¿qué intenciones tiene?». La respuesta no se despejará, al menos, hasta que se celebre la reunión en Burgos. Un lugar, por cierto, que fue escenario de negociaciones en el conflicto laboral de hace veinte años.
