Mié23082017

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Dos caras de la educación

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Nati-Obregon


Dice un proverbio africano: "Para educar a un niño hace falta la tribu entera". Utopía que deberíamos seguir todas las sociedades para conseguir un mundo más justo e igualitario.

Pensemos en un país que se ha dado cuenta de que la educación es tan importante para el progreso, el avance científico y el bienestar de la ciudadanía que decide que las leyes educativas no pueden estar al albur de la ideología gobernante en cada momento. En este país, los partidos políticos llegan a un acuerdo para promulgar una Ley de Educación de largo recorrido, respetada por todos, esté quien esté en el poder. Además es un consenso compartido por toda la sociedad que ve la educación como su tesoro más preciado. Surge así una escuela pública de calidad que atiende a casi la totalidad de la población (solo queda un residual 2% de escuela privada); una escuela comprensiva en la que la atención a la diversidad y los programas individualizados, adaptados a las necesidades de cada alumno o alumna es la práctica cotidiana. Una escuela igualitaria a la que acuden juntos (y en la que comparten pupitre) tanto el hijo del gran empresario dueño de una multinacional, como el del jardinero que mantiene sus jardines, o el del inmigrante asiático o africano.

Las escuelas y la fijación de los currículos dependen de la municipalidad, pero con una fuerte influencia de los profesionales de la educación. Los directores de los centros tienen una gran responsabilidad porque gozan de amplia autonomía en el ejercicio de sus funciones, desde seleccionar contenidos hasta contratar al profesorado; porque este es un capítulo esencial, el profesorado... La carrera docente es una de las más demandadas pero solo los mejores acceden a ella (entre el diez y el veinte por ciento). ¿Y por qué una demanda tan importante? Simplemente porque la de maestro es una profesión muy prestigiada y valorada por la sociedad. Para ejercerla no hay que presentarte a ninguna oposición, solamente es necesario presentar al director de un centro educativo un proyecto que se considere de calidad para la escuela. Parece que en la mentalidad de este país no caben el clientelismo ni el enchufismo.

Como señalé antes una escuela comprensiva, que implica a toda la sociedad, que no está para nada pendiente de si quedan mejor o peor en las evaluaciones internacionales pero, casualidad, siempre ocupan el primer lugar ¿Les suena? ¿Hace falta nombrar el país? ¿No es para tener sana envidia?

Frente a este país hay otro en el que, desde que tengo memoria, escuela y sociedad están divorciados (los maestros son esos vagos con jornada laboral escasa y muchas vacaciones), en el que se cree que la escuela pública no es de fiar, en el que si quieres que tus hijos tengan "buenos amigos" y un futuro entre los que "pintan algo" socialmente, deben estudiar en la escuela privada. Sus políticos cambian de leyes educativas según de dónde sople el viento (aunque claro, lo básico del currículo permanece porque no pueden cambiar el teorema de Pitágoras) ¿Les suena esto también?

Algunos soñamos con madurar como sociedad y con que nuestros representantes políticos piensen con sensatez y hagan lo posible para, en lugar de tirarse las leyes educativas a la cabeza, acordar una que también tenga largo recorrido y nos lleve por el camino del progreso, la igualdad y la justicia.