Jue14122017

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¿Maestros que suspenden?

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Nati-Obregon


Está la sociedad rasgándose las vestiduras porque un informe de la inspección educativa de la Comunidad de Madrid manifiesta un «desastroso» nivel de conocimientos culturales positivos de los licenciados de Magisterio; es más, parece que tienen grandes lagunas en contenidos básicos de educación primaria. Cuando lo leí me quedé perpleja, no podía creerlo... ¿Cómo es posible? ¿Cómo han conseguido estos licenciados superar la Educación Secundaria Obligatoria, el bachiller, el examen de selectividad y una carrera universitaria? Si el informe es cierto, ¿a qué altura quedan todos los profesionales que se han encontrado en su camino y todo el sistema educativo español, incluida la universidad?

Llegados a este punto, permítanme que dude de la veracidad del informe; creo que está manipulado a conciencia, que a través de él se pretende desprestigiar a una profesión que se ha vuelto un poco incómoda por sus reivindicaciones a favor de la escuela pública y en contra de los recortes, y que da otro paso para justificar una nueva ley educativa que nadie ha pedido y que nos hace retroceder en el tiempo (y no para bien, precisamente). Porque, si yo estoy equivocada y los resultados fueran ciertos, las autoridades educativas tendrían la responsabilidad de hacer que toda una generación de maestros volviera a pasar por las aulas, y no para enseñar, sino para aprender. Es posible que algún despistado no se haya dado cuenta de que el río Ebro no pasa por Madrid, pero vamos... lo que no me puedo creer es ese supuesto analfabetismo de personas tituladas en las Escuelas de Formación del Profesorado. ¿Se dan cuenta de la gravedad de lo que dicen? ¿De que están echando por tierra la profesión que está en la base del progreso de nuestra sociedad?

Además, parece ser que el informe en cuestión está basado en las pruebas de opositores para obtener una plaza en la educación pública madrileña. Por lo que yo sé, cuando alguien se presenta a estas duras pruebas estudia un temario previamente publicado por el organismo que convoca, que no suele ser fácil. ¿Y nos quieren hacer creer que los opositores no van a ser capaces de responder a unas simples preguntas propias de hacerse a un alumno de primaria? Me da la sensación de que aquí hay truco... A lo mejor quieren presentar algún caso aislado como general.

Reconozco que no me he preocupado de saber cuáles son realmente los actuales programas de estudios de las Facultades de Formación del Profesorado. Según he leído a algún crítico, se están descuidando gravemente los fundamentos disciplinares (matemáticas, ciencias, historia...) en beneficio del saber formal y procedimental de las ciencias de la educación (teorías psicopedagógicas, doctrinas didácticas...). En mis ya remotos tiempos de estudiante en las entonces llamadas Escuelas de Magisterio, nuestro programa consistía en un aprendizaje memorístico brutal de materias tanto relacionadas con la pedagogía como de las disciplinas que después deberíamos ensañar en la escuela. Repito, aprendizaje memorístico y sin apenas prácticas con los alumnos en el aula (aprendí de memoria, entre otras cosas, toda la Reconquista española, con nombres de reyes, batallas y fechas). ¿Me fue de utilidad o, mejor, fue de utilidad para mis alumnos aquel aprendizaje? Sinceramente, creo que muy poco, que en mi generación (y en las posteriores también) los maestros nos hacíamos después de acabar los estudios, con nuestra experiencia al frente del aula y el interés por seguir formándonos a lo largo de nuestra vida profesional.

Puede que en este tema como en muchos otros no sepamos encontrar un equilibrio y vayamos de un extremo a otro: del aprendizaje memorístico de contenidos a las teorías psicopedagógicas que valoran sobre todo el «cómo enseñar» más que el «qué enseñar». Tendremos que conseguir llegar a una síntesis. Mi experiencia docente es larga en el tiempo, más de cuarenta años, en un centro en el que han empezado a trabajar maestras jóvenes, recién salidas de la universidad, y les puedo asegurar que tienen una magnífica formación y un gran entusiasmo por su profesión, y que da gusto compartir con ellas un claustro. Es por esto por lo que pongo totalmente en duda ese nefasto, por negativo, informe y animo a la sociedad a confiar en los maestros y maestras de sus hijos.