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Tareas, ¿sí o no?

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Nati-Obregon


Las tareas... al utilizar esta expresión nos referimos normalmente al trabajo que se impone a los estudiantes para realizar en casa y, por tanto, fuera del horario lectivo, tema este muy controvertido, sobre el que ni la sociedad ni los profesionales de la educación nos ponemos de acuerdo; es más, en muchos casos no suele haber acuerdo ni entre los miembros de un mismo claustro. Yo, a lo largo de muchos años de profesión, he ido variando mi opinión respecto a este tema. (Debo aclarar que al hablar sobre esta cuestión me estoy centrando en el alumnado de primaria; dejo fuera de discusión, por distintos motivos, a infantil y secundaria.) Según una encuesta sobre los hábitos de estudio de los niños españoles de TNS Demoscopia, el 80% de los estudiantes de primaria y el 45% de los de secundaria reciben ayuda en casa para realizar sus tareas escolares.
¿Y cuáles son los argumentos más usuales a favor del trabajo escolar en casa?... "Las horas lectivas son insuficientes para un buen aprendizaje, son necesarias más horas de trabajo y que los padres se impliquen y ayuden a sus hijos", "es necesario adquirir hábitos de estudio" o este un tanto más peregrino de "si no llevan trabajo a casa se acostumbran mal, se vuelven unos vagos".

Pero ¿qué implicaciones tienen las tareas escolares? Las tareas tradicionales (las más habituales), ejercicios repetitivos sobre lo trabajado en el aula en las diferentes materias como forma de fijar contenidos, necesitan la supervisión de un adulto que acompañe y ayude al niño, que complemente la labor del maestro, porque si el estudiante realiza mal el trabajo puede fijar conceptos erróneos y no cumplir entonces las tareas el fin que persiguen. Esto significa la implicación de los padres o la asistencia a "clases particulares", lo que supone un desequilibrio en las oportunidades educativas por la desigualdad de origen social y cultural del alumnado. ¿No sería mucho más igualitario y eficaz que los deberes se hicieran en la escuela bajo la supervisión de los profesores? En este sentido, la nueva ley educativa que está preparando Francois Hollande en Francia propone que las tareas se hagan en el colegio.

Desde otro punto de vista, padres e hijos no tienen demasiado tiempo en el día a día para estar juntos. ¿No sería mejor utilizarlo en inculcar valores como la responsabilidad, ayudarles a organizarse, asesorarles o simplemente jugar, tener una relación relajada y no sufrir la tensión de si hacen o no las tareas escolares? Y que conste que no estoy diciendo que los padres se desentiendan de la marcha escolar de sus hijos, todo lo contrario, porque la colaboración de escuela-padres abarca aspectos mucho más importantes que vigilar la realización de los deberes en casa.

En algunos ámbitos se identifica la calidad de la enseñanza con la cantidad de trabajo que el alumnado debe realizar en casa, que puede llevarle hasta dos o incluso tres horas diarias. Y digo yo: ¿es que acaso no son suficientes las cinco horas de permanencia obligatoria en el colegio?

A pesar de lo comentado hasta ahora, no quiero decir que se tenga que abolir todo tipo de tarea escolar en casa, pero sí que los profesionales pensemos más qué mandamos y a quién, a favor de un trabajo más personalizado, que puedan hacer solos y que no les suponga demasiado tiempo: alguna actividad de lectura, una búsqueda de información o ampliación, la escritura de un diario...

Los niños y niñas necesitan tiempo de ocio, tiempo libre para cultivar sus aficiones (si no las tienen, los padres deben estar ahí para fomentarlas), hacer deporte o simplemente jugar con sus amigos y amigas en los parques o plazas. ¿A los adultos nos gusta alargar la jornada laboral o llevar el trabajo a casa? Pues yo pido un poco de empatía con los niños y que pensemos lo que deseábamos nosotros, adultos, cuando teníamos su edad.