Dom22102017

Last update08:02:00 PM

Obituario

Valoración del Usuario:  / 1

LucioTeranEste mes se cumple el centenario del cierre de uno de los medios de comunicación claves en la Ciudad Crujiente de comienzos del siglo XX. La última semana de noviembre del salía a la calle el postrero número del semanario Ayer Crujiente de la Vega. Los emprendedores que estaban al frente superaron no pocas adversidades durante dos décadas. Quizá la más importante fue que la dirección estuviera en manos de una mujer, doña Juana Alarcos de la Frontera y Picatoste; afortunadamente los tiempos han cambiado.

Responsabilidad social

Valoración del Usuario:  / 0

LucioTeran-Mira, el bisnes está muy parado; hay que crear sinergias, ¡sinergias!
-Siempre puedes comprar un condensador de fluzo.
-No te rías de mí, calla y escucha.
-Lo primero no te lo garantizo.
-Tengo mucha gente contratada. Ya sé que tengo la solución de los contratos de fin de obra, pero ya no es lo mismo. Está el terreno ese que tenéis muerto de risa, no es muy grande, pero cabe un montón de sinergias.
-Oye, en serio, ¿tú sabes lo que son las sinergias?
-Como te iba diciendo, en ese solar se puede crear un edificio multiusos. No es momento de viviendas; en ese asunto ya estoy: hay bastantes inmuebles vacíos que hemos seleccionado para...
-Al grano.
-Uy, perdona. Bueno, pues se puede levantar un edificio para multitud de usos.
-¿Qué usos podrían ser esos?
-Muchos, el edificio tendría utilidad real. Siempre buscando el beneficio dela comunidad.
-Anda ¿ahora eres de esos de la teoría del bien común? Esto no me lo esperaba.

Aparcamiento

Valoración del Usuario:  / 2

LucioTeranLas seis de una tarde de primavera era un buen momento para pasear por Ciudad Crujiente. La leve brisa aligeraba los rigores de un calor que se había adelantado unas semanas. Zoilo y yo íbamos a cruzar por un paso de peatones. Pero, ¡ops!, en la acera había un descapotable que impedía el cruce.

Zoilo me señaló un banco de la plaza cercana. Nos sentamos. La comisaria está a cincuenta metros de distancia. Y algo debería suceder. Pasaron peatones; todos rodeaban el vehículo y cruzaban de acera sin más miramientos. Llegó la grúa municipal; se detuvo por un instante junto al coche. Nos disponíamos a levantarnos para aplaudir al agente y al operario; en ese momento la grúa continuó ruta. Nos sentamos y continuamos a la espera. Algo debería suceder... o no.

Vuelta al cole

Valoración del Usuario:  / 2

LucioTeranCiudad Crujiente. Dos de la tarde. A las puertas de un colegio. Los niños están a punto de salir. Tal vez entre ellos se encuentran futuras personalidades de la ciudad, empresarios, médicos, abogados, maestros, artesanos, e incluso políticos (qué se le va a hacer). Un montón de padres y abuelos esperan a los churumbeles.

-Ay, Piluca, pues sí; cómo se hacen mayores, ya están acabando la Primaria. Parece que fue ayer cuando mi Andresín jugaba con los bloques de construcción junto a tu Pedrito.

-Qué bien lo sabes, Anuchi. Aiiins. Se pasaban horas construyendo en el parque. Qué pasión por construir. Eran tan entrañables...

-Y con ellos solía jugar Marquitos. ¿Te acuerdas?

-Cómo no me voy a acordar. Qué obsesión con poner los bloques en la hierba. Tooodos los jardincillos del parque llenos de bloques. "Ahí, no. Cariño, en las zonas verdes no se puede construir" le recordaba siempre su mamá.

Vigile sus pasos

Valoración del Usuario:  / 1

LucioTeran*Lucio Terán siempre afirmó que en este texto había un pasaje en el que se hace un guiño a Edgar Neville y a una de sus novelas. Lamentamos no haber podido localizar el pasaje del texto ni la novela aludida.

Sin duda alguna, la peatonalización del centro de Ciudad Crujiente era una intervención urbanística correcta y adecuada: la limitación del tráfico rodado suponía una mejora medioambiental, pues se reducían sensiblemente la producción de ruido y la emisión de dióxido de carbono; además, la eliminación del tráfico rodado permitía que la gente tomara las calles. Otra cuestión diferente era el problema del aparcamiento para vehículos de tracción motora de cuatro o más ruedas. El desinterés por resolver este segundo problema no debía invalidar las bondades de aquella primera medida llevada a cabo durante varias legislaturas de distinto color político.
Con una buena hidratación, resulta fantástico un paseo por Ciudad Crujiente a las tres de la tarde cualquier día soleado de julio. El calor que desprende el firme y el calor que cae a plomo hacen a uno transpirar toxinas por todos los poros. El reguero de sudor se va evaporando casi según toca el empedrado. La canícula es sanísima.

Aquel día de verano me encontraba en uno de mis paseos-sauna vespertinos. Llevaba buen ritmo por la calle Aplacamiento cuando empecé a notar demasiado calor en las plantas de los pies; varias decenas de metros más adelante la sensación era insoportable. Paré y eché la vista atrás: a lo lejos vi mis playeras, quietas en la acera; algo más cerca estaban mis calcetines, firmes, rígidos, marcando el paso (el calor los había dejado tiesos como la mojama). Para colmo de desgracias, el pañuelo con nudos en las cuatro puntas se había quedado seco y ya no me refrescaba la cabeza. Aaaarrrrgggg.

Deshice el camino andado a breves saltos para no quemarme. Estaba claro, el calor había derretido lo suficiente los chicles de las aceras. Toda vez que conseguí quitar la mayoría de ellos pegados a los calcetines y a las playeras, retomé mi camino y mi búsqueda de una fuente para refrescar el pañuelo.

Ah, mucho mejor. La sesera ya estaba refrigerándose y yo podía pensar con claridad. Al levantar la cabeza y ver el último tramo de la calle lo vi todo más claro. Pero necesitaba el material necesario.

Al día siguiente volví a la calle Aplacamiento, a esa hora la ciudad come y echa la siesta. La discreción es requisito indispensable. También aseguré los calcetines y las playeras a los tobillos con cinta de carrocero; había que reducir riesgos.

Con una tiza fui uniendo chicles pegados al suelo. Si empezaba por poniente, el resultado era evidente: la silueta de una polka. Si empezaba por el norte, la silueta resultante era gnomo cojo. Decidí olvidarme de este segundo dibujo.

El resto del mes de julio me pasé descubriendo más dibujos ocultos: un canapé, una jarra de cerveza y una taza de café, en la calle Inmolados; un cirio y un zapato en la calle Arcángel; un billete de cien pesetas (costó mucho trazar la calva de Manuel de Falla) en la calle Telesforo Trueba, justo a la altura del emplazamiento que tuvo el Banco de Torrelavega. Y la lista sigue.

¿Qué significarán todos esos dibujos? Oh, cielos. ¿Sería posible? No. Pensar que los chicles pegados por todas las calles son consecuencia de la falta de urbanidad de la gente es tristemente lo más sensato. Es imposible que haya un contubernio que esté dejando mensajes secretos. Y ¿si fueran obra de la logia que se reúne en las ruinas que hay debajo de la Plaza Mayor cada tercer lunes de cada mes? Siempre se ha negado la existencia de ese grupo. Incluso los alcaldes siameses tuvieron que dar una rueda de prensa hace cincuenta años para desmentir el rumor que se había difundido por Ciudad Crujiente. También es cierto que esos hermanos perdieron credibilidad cuando dijeron que habían logrado separarse con un caldero agua muy caliente.

Sea como sea, la limpieza de la ciudad no depende únicamente del eficiente trabajo de los empleados del servicio de limpieza. Los ciudadanos también somos responsables de cacas de perro, de las colilllas o de los envoltorios.

Rotondas

Valoración del Usuario:  / 1

LucioTeran-Señor, es usted obscenamente brillante.

-Bueno, no creas, Lucio.

-Rotondas… Magnífico.

-Fue una cuestión de cálculo. Imagine. Un cruce cualquiera, diez metros de diámetro, esto es, de extremo a extremo. Si un coche quiere continuar por la misma calle, recorrerá aproximadamente 15 metros; esto es, 5 metros de más que en línea recta. Si quiere ir hacia la izquierda de la otra calle de la intersección, recorrerá algo menos de 22 metros. Y, si quiere seguir su ruta por la misma calle en sentido contrario recorrerá cerca de 30 metros.

Diario de un candidato

Valoración del Usuario:  / 0

LucioTeran9:00 a. m.

Me levanto excelso. Ya en el baño, tras cepillarme los dientes, sonrió a la persona del espejo, sus dientes refulgen más que ayer. Guiño un ojo picaronamente mientras me peino el pelazo de flequillo rampante.

Me visto con elegancia, pero sin corbata. Para todas las clases sociales. Por cada promesa electoral, siete centímetros menos de tela. El puño de la manga no me llega al codo. A estas alturas de campaña la chaqueta ya me queda muy justa. Strip-tease electoral.

11:09 a.m.

Salgo a la calle. Respiro hondo. Uhmmm, huele a éxito electoral.

Esta mañana repartiré dípticos a cascoporro. He mejorado un 30 % mis saludos cordiales a viandantes que no suelo ni mirar durante el crudo invierno de la legislatura. Nos han aconsejado que nos dejemos caer por las terrazas de las cafeterías y que nos incorporemos de inmediato para dar un 20% de palmadas en la espalda. No pago ni un café.